Cocodrilo Sumergido
No es una casualidad que la principal vía de acceso a este lugar sea justamente un río que lo bordea y donde las edificaciones parecen emerger de la densa jungla.

Ocupado durante más de tres mil años y ubicado en Belice, Lamanai fue uno de los sitios mayas habitados de forma continua por más tiempo. El New River serpentea el sitio y pareciera invitar a que tomes ese acceso y evites la entrada por tierra que, según la época del año, podría requerir un vehículo capaz de cruzar lodazales y caminos en mal estado.
Podría decir que la magia comienza en ese río. Pero mentiría o en el mejor caso sería inexacto. Belice es un misterio para gran parte del mundo. Es más conocido por sus bellísimas islas que por su porción continental. Para Latinoamérica, éste es un país del que se habla poco y todavía se visita menos. Sus vecinos más próximos lo miran de reojo y un porcentaje importante de la zona fronteriza de México apenas ha entrado a Belice -descontando la zona libre y su casino.
Para mí la magia comienza desde el cruce fronterizo. Desde la primera ocasión y a pesar de su amabilidad fue un reto sortear las instrucciones de los agentes beliceños a los que les entendía poco y donde todo parecía guiado por una improvisación desconcertante que de una forma u otra obligaba a asomar una sonrisa en todos los involucrados. Como dato curioso, la primera vez que ingresé lo hice con un VW Beetle 2012 y quien inspeccionó el vehículo me pidió abrir el cofre del auto esperando revisar los objetos que trajera conmigo. Se sorprendió mucho al notar que en el cofre venía efectivamente el motor y preguntó que por qué estaba así. Para él, el Beetle seguía siendo el original Escarabajo con el motor trasero y es de suponer que jamás había visto un New Beetle a pesar de ser un modelo que había visto la luz desde 1998. Naturalmente que no sólo por esto, pero siempre me pareció que la marcha del tiempo no seguía las normas en Belice.
Llegué por el río. Y así es como debes llegar a Lamanai en tanto es parte de la magia. Sabes que está plagado de cocodrilos y es uno de los costos por estar frente a un mascarón de cuatro metros que es de los mejor conservados y de los más grandes en el mundo maya al que aún podemos acceder.
Todas las memorias de este viaje las guardo con aprecio pero un evento en particular quedó marcado para siempre por la enorme casualidad que supuso y que en su momento desconocía. Después de visitar el sitio, mi esposa y yo volvimos al hotel que se encontraba sobre la rivera del río. Nos sentamos en una banca que se encontraba en el nivel del hotel que obviamente era superior al del río para evitar que una crecida del agua inundara las instalaciones. Eran unos dos metros de alto que terminaban abruptamente como si fuera la azotea de una casa con ángulo de 90 grados. Platicamos alrededor de una hora e incluso intercambiamos algunas palabras con una periodista estadounidense que se alojaba allí también. Cuando nos disponíamos a irnos, mi esposa se acercó a la orilla de esta superficie y justo antes de tomar una foto del río, se escuchó un ruido escandaloso.
Sin estar viendo la escena, hubiera imaginado a un auto cayendo al agua. Pero estaba viendo la escena sentado y no entendí que podría explicar lo que acababa de escuchar.
Mi esposa acababa de ver saltar al agua a un cocodrilo enorme que reposaba sobre la pared de concreto. De alguna manera, este cocodrilo había escuchado sigilosamente toda nuestra conversación y nadie había advertido su presencia.
Al final, se sumergió y volvió al lugar del que vienen todos los cocodrilos de este increíble lugar, porque Lamanai proviene de la palabra maya original Lama'an'ain que significa "cocodrilo sumergido".

