Lo que una vez fue
Memorias de una visita en la que recuerdo un lugar sencillo y que de alguna forma me parecía remoto. Pero no en el sentido clásico del término sino en uno distinto.
La primera vez que visité Mahahual1 quedé sorprendido. Sabía de él casi por rumores. ¿Ya has visitado Mahahual? me había preguntado más de uno. Y la consigna era que debería de dedicar un tiempo para ir y disfrutar del mar o incluso pasar un fin de semana pero no más. Pero ¿sólo un fin de semana? Siempre me descoloca cuando alguien dice que en un lugar “no hay nada” o que un fin de semana basta. Pero, ¿por qué?
Intentar comprender lo que hay detrás del no hay nada probablemente no se explique universalmente. Sin embargo recomendar ir donde no hay nada y pasar un fin de semana o simplemente sugerir visitarlo aunque fuera un sólo día parecía chocar con mi forma de entender la voluntad que, al menos a mí, me lleva a un destino.
Tampoco quiero hacerme pasar por el que no lo entiende en absoluto. Sin embargo difícilmente me imagino recomendando un lugar donde cierre mis palabras advirtiendo que no deberías esperar mucho puesto que no hay nada. Si eres un viajero que gusta de aquellos sitios fuera de la ruta principal, puedes delinear con mediana exactitud que donde no hay nada es un lugar donde probablemente te gustaría estar en tanto que tiene el suficiente reconocimiento de ser un lugar, aunque en él no haya nada.
Y dependerá del país donde vivas, pero hoy un lugar donde no hay nada puede no ser accesible por innumerables razones. La seguridad de tu region no permite adentrarte en él, la dificultad del terreno impide que tu vehículo acceda a dicho lugar o tu propia salud o condición física sea una restricción insalvable para que alcances ese sitio. Sin embargo, cada vez existen menos de estos lugares. Las modas, el turismo masivo, la depredación de áreas naturales con el fin de favorecer extracción de recursos o el beneficio de la venta de la tierra. O simplemente el cambio climático. Cualquiera de ellas o una combinación de las mismas son las que poco a poco terminan con extensiones del planeta que son o fueron una maravilla.
Mahahual no es el lugar más remoto. Tampoco es un lugar donde en ese entonces (hace muchos años) no hubiera nada -aunque había realmente poco. Tampoco era el secreto mejor guardado. Sin embargo sí era muy bello. Alejado (con la excepción de algún crucero que eventualmente llegaba) del turismo masivo y de cualquier moda. Base natural para visitar Banco Chinchorro que es nada menos que el segundo arrecife de coral más grande del mundo. En aquél entonces sin hoteles de cadena, ni edificaciones con alturas descomunales ni vendedores ambulantes. Hogar temporal o semi permanente de un puñado de personas quienes donde no hay nada significa que tiene todo lo que aún no ha podido ver o explotar la industria del turismo masivo ni el de lujo. Por ejemplo: aislamiento, silencio y paz.
Uno de esos extraños lugares donde he perdido la noción del tiempo y de los días. Y lo extraño. Aunque como bien se dice, se extraña lo que ya no existe.
Mahahual, Quintana Roo (México). Lo visité en el año 2010 cuando aunque ya era una escala de algunos cruceros, pero descontándolos, sólo era frecuentado por pocos y en su mayoría población de localidades cercanas y alguno que otro viajero buscando sitios fuera del radar turístico tradicional.


